Un olivo mítico vencedor en el Noelanders Trophy XV

Texto y fotografía: Farrand Bloch

Todo el mundo se mostraba muy satisfecho durante la decimoquinta edición de la exposición Noelanders. El tiempo acompañó ya que aunque nevó ligeramente, se mantuvo sin tormentas, así que no había ninguna excusa posible para no asistir a la mayor exposición de bonsáis de toda Europa. Recorriendo la zona de exposición, siempre me surge la misma pregunta: ¿Ha mejorado con respecto al año anterior el nivel de los árboles? Responder a esta pregunta siempre resulta difícil, pero quizás en esta ocasión he podido constatar una altísima calidad no solamente en los árboles de alto nivel, sino que ha mejorado considerablemente la calidad de los denominados árboles de nivel intermedio. Así que realmente se podría afirmar que el nivel, en general, ha ido en aumento. Estamos acostumbrados en esta exposición, a admirar impresionantes y llamativos árboles de gran tamaño, si bien, en esta edición ha llamado la atención la presencia de árboles más pequeños, mucho más discretos, pero que han supuesto una auténtica delicia para los sentidos.

 

Un árbol mítico

El premio más importante otorgado por el Noelanders Trophy siempre se concede a ese árbol que posee las características necesarias para convertirse en un bonsái mítico. Nos guste o no, el ganador de esta edición ha sido el olivo de Erasmo García, árbol que contaba con todos los requisitos necesarios para conseguir el trofeo Noelanders: madurez, un impresionante tronco y un acabado exquisito. Otros árboles contaban igualmente, con estas peculiaridades, si bien este olivo transmite una gran fuerza y es claramente un árbol icónico. Si observamos detenidamente el árbol desde todos los ángulos, podemos comprobar el asombroso posicionamiento de sus densas ramas y el estrechamiento de su tronco. Da la sensación de que existe desde hace mucho tiempo y tiene un aspecto realmente perfecto.

La exposición

Personalmente, uno de mis árboles predilectos es el Buxus balearica de Luis Vallejo. Es cierto que yo tenía mis propios juicios de valor ya establecidos porque conocía la historia del árbol y al tener la oportunidad de verlo nuevamente en esta exposición, realmente me sorprendió su irreconocible proceso de maduración, habiendo desarrollado un denso follaje, aunque seguía manteniendo la línea troncal con aspecto de montaña rusa. Otro de los aspectos favorables de la exposición, ha sido que por primera vez al público no se le permitió realizar fotografías a los árboles. Este polémico asunto suscitó numerosas quejas e incluso llegó a publicarse en Facebook un divertido vídeo. Finalmente esta decisión aportó un ambiente mucho más tranquilo a la exposición. Sencillamente fue posible disfrutar en silencio de la belleza de los árboles expuestos.

Vencedor de esta edición: Olea europeae silvestre, de Erasmo García Fernández (60cm) foto: Willy Evenepoel

 

Rostros felices

En los stands comerciales, había que pelearse entre la multitud, si bien, de una manera positiva. Este año los comerciantes se mostraban muy satisfechos ya que no habían tenido que sufrir la menor afluencia de público debido al mal tiempo de la edición anterior. Incluso parece ser que la sección comercial ha mejorado y aumentado considerablemente con respecto a ediciones anteriores y esto parece no tener fin. Al hablar con Marc Noelanders, me comentó que muy probablemente, para la próxima edición se contase con un espacio contiguo al actual con el objetivo de ampliar el espacio expositivo. En cualquier caso, esta exposición ya no podría limitarse al antiguo teatro ‘Muse’.

Debates en directo

Las demostraciones tuvieron lugar en un espacio que se habilitó en el sótano del teatro y fueron llevadas a cabo por Kevin Willson (Reino Unido), Sandro Segneri (Italia), David Benavente (España) y Ryan Neil (EEUU). Todas las demostraciones se complementaron con apoyo audiovisual y fueron traducidas por Marc de Beule y Walter Pall. El comité organizador se encargó de proporcionar una amplia y magnífica selección de material. Todos los demostradores contaron con interesantes árboles sobre los que realizar el trabajo. Todos tenían una larga historia que contar, si bien uno de ellos, el enorme Pino trabajado por Ryan Niel, durante la primera jornada, realmente me impresionó. Un pino con un tamaño de jardín transformado en un espléndido bonsái de estilo cascada. Mientras yo me preguntaba quien se encargaría de diseñar la maceta para este ejemplar, se inició un curioso debate protagonizado por Kevin Willson quién se encargó de defender una técnica concreta sobre el tallado de la madera muerta y que él realizaba utilizando una máquina sin el protector de seguridad adecuada. Walter Pall mostró su preocupación al respecto, si bien Kevin se encargó de asegurar que tras 25 años de experiencia tenía la situación controlada, eso sí, advirtiendo al público de lo peligroso que puede resultar hacer esto en casa¡ Después de esta pequeña discusión la demostración se reanudó. El sábado tuvo lugar la demostración de David Benavente y también se originó un pequeño e interesante debate ya que Walter afirmó en tono de burla, refiriéndose al árbol de la demostración, que éste carecía de una “potente rama” y aún así, David había decidido eliminarla y el resultado final del árbol fue realmente bueno sin esta rama.

 

Nominado en la categoría de caducifolios: Zelkova serrata de Alain De Wachter (46cm) foto: Willy Evenepoel

 

El extraordinario fotógrafo Willy Evenepoel es el encargado año tras año, de captar las imágenes de estos árboles para la posteridad y lo hace trabajando minuciosamente horas y horas. El comité organizador del Noelanders Trophy agradece profundamente a todos los amigos del bonsái que han dedicado años de trabajo para finalmente mostrarnos su ejemplar más impresionante. Aprovechamos para hacer extensivo este agradecimiento a todos los miembros del Club que han dedicado su tiempo libre para que esta exposición sea un gran éxito. Estamos deseando que llegue la próxima edición. ¡Os mantendremos informados¡.

 

Árbol nominado: Rhododendron indicum de Udo Fischer (54cm) foto: Willy Evenepoel

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